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LA MUJER EN LA CONSTRUCCIÓN

El Diccionario de la Real Academia sólo tiene el género masculino para el sustantivo “albañil”, para denominar a los maestros u oficiales de la construcción.

La posibilidad de que una mujer tomara parte en los trabajos de construcción, a veces físicamente duros y peligrosos, ni siquiera se concebía.

Pero de unos años a esta parte, la realidad está demostrando que la presencia laboral femenina en este sector se está imponiendo rápida y sólidamente. Empezó en las oficinas, pero ya ha llegado a las propias obras y sube a los andamios que, a veces, no eran para ella más que una posición elevada desde la que el varón le lanzaba piropos, no siempre de buen gusto.

Es un gran mérito de las propias protagonistas. Han tenido y tienen que luchar con la desconfianza con que todavía son contempladas, con dudas injustificadas, pero siempre presentes, acerca del rendimiento de que son capaces por el mero hecho de ser mujeres.

Cargan sobre sus hombros, delicados pero firmes, con la misma jornada laboral que los varones, pero además con el desequilibrado reparto de las tareas domésticas en la familia.

Y como profesionales, se sienten obligadas a demostrar día tras día que están plenamente capacitadas para el trabajo, porque temen que cualquier flaqueza que en un hombre sería comprendida, en ellas se atribuya a la “debilidad” propia de su condición.

Aunque en los últimos años la presencia femenina en el sector de la construcción va en aumento, sin embargo sigue siendo el sector económico que menor número de mujeres emplea.

En el año 2008 el 7,40 % de los trabajadores del sector de la construcción eran mujeres (18.000), mientras que en el sector servicios las mujeres son el 56 %, en agricultura el 26 % y en la industria el 24%.

De ellas se estima que en torno a 12.000 trabajan en tareas administrativas y comerciales, 5.000 en tareas técnicas (aparejadoras y arquitectas) y tan sólo unas 1.000 en la obra.

El perfil de la trabajadora del sector de la construcción es:

- Diplomada o licenciada 61 %.
- Edad entre 26 y 35 años.
- Prefiere cursos de Gestión, Prevención de Riesgos Laborales y Oficios.


La incorporación de la mujer al sector de la construcción, un sector tradicionalmente masculino, está siendo una progresiva realidad, gracias al esfuerzo personal de las mujeres y de la apuesta por algunas empresas a favor de la igualdad de oportunidades.

El permanente esfuerzo de eficacia y cumplimiento que día a día ejercen las mujeres, hacen posible esta evolución.

El fenómeno se produce en un sector de actividad con presencia tradicionalmente hegemónica del género masculino, y no sólo en las labores administrativas y de gestión, sino en las propias obras.

Las mujeres de la construcción no sólo deben afrontar los mismos obstáculos que el resto de las mujeres trabajadoras, sino que a él se añade ese perfil propio de absoluta predominancia masculina.

Según opiniones recogidas en las empresas constructoras que emplean mujeres, la autoridad con que ésta desempeña su labor en las obras es indudable. Destacan por la naturalidad con que en su trabajo el hombre acepta ya la relación jerárquica y las decisiones profesionales de la mujer.

En este proceso de integración, las mujeres han tropezado tradicionalmente con el problema del paternalismo de sus compañeros varones, que se resisten a aceptar que las mujeres realicen tareas basadas en la fuerza física o que impliquen cierto riesgo físico, aunque es un problema que con la creciente presencia de mujeres en la obra tiende a desaparecer.

Una señal de que, efectivamente las cosas están evolucionando en la sociedad, es que ya no existen problemas de tamaño de prendas de obras (monos, botas o arneses) para mujeres, cuando hace años era noticia la no existencia de tallas femeninas.

Es importante la formación para romper con situaciones como las que se dan en los oficios, donde es habitual iniciar el aprendizaje a tempranas edades y son chicos los que se incorporan a estas actividades, pero difícilmente chicas. Una cuadrilla o taller aceptan perfectamente a un chico de 16 años como aprendiz, pero no cogerán a una chica de esa edad, aunque esté reconocido que tanta habilidad manual tiene un hombre como una mujer, y también sean aptas para el esfuerzo físico, sobre todo considerando los medios materiales y maquinarias disponibles hoy en día.

En cualquier caso será siempre el tesón, la demostrada capacidad de lucha y la valía de las propias mujeres, el secreto de su éxito en romper uno de los últimos reductos de actividad laboral reservada a los hombres.

     
       FEMUR Abril 2010

 
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